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Posted by on abr 16, 2014 in Reportajes | 1 comment

Amazing Spiderman 2: el poder de Urkel

Amazing Spiderman 2: el poder de Urkel

Articulo de Francisco Molina.

Tengo dos problemas con Amazing Spiderman. El primero es que no me gusta Spiderman. No trago a Peter Parker, me parece un niñato repelente y su actitud de empollón listillo que tiene que soltar un chiste malo cada vez que le arrea un puñetazo al malo de turno siempre me ha puesto de los nervios. Por supuesto, sé que es cosa mía, que esta tirria irracional que le tengo no es culpa suya, sino algo que se ha ido fraguando lentamente a lo largo de los años, pero ahí está y, la verdad, aunque el personaje no desentonaría como secundario cómico en una de esas ridículas series de Nickelodeon o Disney Channel («¡Mirad, es friki, dice cosas raras y no sabe comportarse delante de la gente! ¡Hasta tartamudea!»), verlo protagonizar cualquier cosa hace que me rechinen los dientes.

 

El segundo problema que tengo con Amazing Spiderman 2 es que el día anterior fui a ver la nueva del Capitán América y, claro, no hay color. Puede que ambas sean más tontas que el mecanismo de un lápiz, pero al menos la del Capi lo sabe y no intenta ser algo que no es. No intenta introducir tramas complicadas o giros de guion metidos con calzador, sino que coge una idea simple y la desarrolla con gracia, añadiéndole detalles que la adornan, pero que no sobrecargan el guion de una película que sabe qué tiene que ofrecer: acción, acción y más acción. Y personajes molando.

 

Amazing Spiderman 2 no solo no hace esto, sino que, encima, se complica la vida innecesariamente. Para empezar, mete un montón de subtramas que estorban hasta el punto de que el tal Electro de Amazing Spiderman 2: el poder de Electro es una mera anécdota. Sí, sale un rato, provoca el caos y lanza rayitos en plan Palpatine, pero se ve eclipsado por cosas como la muerte de los padres de Peter en extrañas circunstancias, los escarceos amorosos entre la pareja protagonista, la angustia adolescente más pueril y estereotipada (sí, hay una escena con Peter Parker tirado en la cama escuchando música triste en su MP3) y ese mejor amigo que vuelve después de diez años y ahora resulta que es malote.

 

¡Hasta tenemos una subtrama con dos aviones a punto de chocar! Os juro que esta parte me dejó con la boca abierta, porque no me creía lo que estaba viendo. Se ve que alguien decidió que el combate contra Electro no era lo bastante tenso, así que metieron escenas en la torre de control de un aeropuerto y dos aviones a punto de estrellarse en pleno vuelo. No, no hay ningún personaje importante en esos aviones. De hecho, casi parece que tuvieran eso grabado para otra película y decidieran colarlo ahí. Lo mismo con las dos escenas del hospital, en la que tía May hace de enfermera ayudando a los heridos. No aportan nada a la película, más allá de hacer que te lleves las manos a la cabeza y te preguntes a qué ha venido toda esa tontería que te acaban de soltar cuando deberías estar viendo a Spiderman repartir hostias como panes.

 

Como he dicho antes, el papel de Electro es anecdótico. Eso sí, hay que aplaudirle a Jamie Foxx el pedazo de papel que hace… imitando a Steve Urkel. Nuestro electro es el típico científico nerd tartamudo, con dificultad para relacionarse con la gente al que todos ignoran. Esto es, claro, hasta que sufre un ACCIDENTE DE LABORATORIO y se convierte en Electro. Y, de paso, se vuelve malote. El pobre hombre es un estereotipo con patas y eso ya es bastante malo, pero lo de adquirir los poderes en un accidente de laboratorio terriblemente enrevesado está tan manido que da risa. Y ya está, no tiene más, no vale la pena dedicarle más líneas al enemigo principal de El poder de Electro, porque, además de tener la profundidad y la personalidad de un ladrillo, también tiene el carisma del mismo.

 

El film se centra mucho, eso sí, en la relación entre Peter y Gwen Stacy, que se pasan gran parte de la misma en un «ahora nos juntamos, ahora lo dejamos, ahora nos volvemos a juntar». Me sorprendió lo bien escritas que estaban estas escenas, pero, claro, yo creía que iba a ver una película de superhéroes, no una comedia romántica adolescente o un episodio de dos horas de Smallville.

 

Si bien la relación entre la pareja protagonista está muy bien llevada, no se puede decir lo mismo de lo que ocurre entre Harry Osborn y Peter Parker, que resulta forzadísima a la par que cansina. Eso sí, me quito el sombrero ante el que decidió que, en vez de currarse un Harry Osborn, solo hacía falta coger a John Connor de Terminator 2 y ponerle unos cuantos años más. Bravo. Hacia el final se convierte en el Duende Verde (por tontear con las drogas, que no se diga que la película no es educativa), pero la verdad es que a esas alturas ya te da bastante igual todo y llevas un rato mirando el reloj a ver si se acaba la cosa esta de una vez.

 

Por último, es posible que el mayor defecto de la película sea su secuela. Amazing Spiderman 2 se pasa tanto tiempo plantando detalles y estableciendo las bases de la próxima película, que se olvida de hacer interesante lo que tienes en pantalla. Durante las dos horas que dura, vemos montones de cosas que parecen estar ahí solo para conectar con la previsible Spiderman 3. Los trajes de los Seis Siniestros que aparecían en el tráiler son solo una de ellas, pero hay más y no intentan ser sutiles. Esto de por sí no es malo, por supuesto. El problema es cuando estos accesorios se comen la trama principal e impiden que acabe siendo un producto cohesionado.

 

A pesar de todo, Amazing Spiderman 2: el poder de Electro no es una mala película, entretiene a ratos, pero es muy olvidable. Supongo que si eres fan del personaje o tienes diez años, la disfrutarás. Si no, pues cuando acabe y se enciendan las luces te irás a tu casa y en un par de días ya no recordarás ni de qué iba. Y te dará absolutamente igual.

 

Y me regalaron una camiseta, así que todo bien.